Luis Mendo :: Entrevista en Shibuya – Kamiyamacho

Luis Mendo :: Entrevista en Shibuya – Kamiyamacho

2016.08.22

Con Luis Mendo nos sentamos en una pequeña mesa en su espacio de trabajo en Kamiyamacho, a menos de diez minutos de la estación de Shibuya. Me dijo que que se definía en inglés como un drawer―un término que para el denotaba a alguien que se movía entre el ser ilustrador, artista, y diseñador gráfico.

“Entonces Luis,” le dije, “¿Cual crees tú que es la sensación que define a Tokyo?”

“Bueno, pues te puedo hablar del olor de Tokyo,” me dijo.

Me quedé en pausa. Me reí.

“Okay,” dije. “Cuéntame acerca del olor de Tokyo.”

“Cada vez que llego a Tokyo me llega una… bien, tu sabes, que cuando entras a una ciudad te da un olor, ¿no es verdad? Entonces, un día un amigo me preguntó ‘¿A qué huele Tokyo?’, y yo le dije, ‘Bueno, es una mezcla de plástico nuevo, asfalto y salsa de soya.”

Luis dijo que era una mezcla de lo orgánico, lo artificial, y de una cultura gastronómica profunda―todo ello revuelto para crear un aroma único en sí mismo. El olor de Tokyo.

“¿Y del lugar qué te gusta?” pregunté.

Luis agitó la cabeza.

“Son tantas cosas hombre. Tantas.” me contestó. “Lo que más gozo es la inspiración visual que Tokyo le da a cualquiera que usa lo visual como parte de su trabajo. Tiene un entramado de tantas capas; lleno de ilustración y fotografía. Hasta la escritura es en sí misma un tipo de dibujo. Y todo eso es un alimento que recibes, y cuando tu mente lo digiere, entonces puedes usarlo en tu obra.”

Hablamos un poco acerca del vecindario. Acerca de los fashionistas y diseñadores que pasaban por enfrente en las mañanas, y un café noruego en el que nunca podía sentirse cómodo. Luis se rió un poco de la tiendita al voltear la esquina donde está su estudio, una de antigüedades en la que el dueño parecía un personaje salido de un cómic de Robert Crumb.

Luis aún no había decidido exactamente lo que iba a dibujar para el proyecto. Dijo que dibujaba donde quiera que fuera; que sin duda encontraría algo. Era solo cuestión de tiempo.

El dibujo de Luis es difícil de categorizar, y ciertamente difícil de definir. Su estilo puede mecerse hacia lo que le dicten sus temas, las herramientas y su ánimo del momento. Cuando le pregunté al respecto me dijo que su estilo era temperamental.

“Es decir, dejo que mi línea se vaya por donde van mis emociones,” dijo. “Así que la verdad es que no me considero muy bueno en dibujo académico. Y es sobretodo porque no tengo esa clase de paciencia. Mi temperamento siempre termina dominando. Se me hace difícil parar, así que los dibujos se vuelven muy orgánicos y hasta un poco salvajes de cierta manera. Salvajes en una forma contenida.”

Me gustó eso. Una ferocidad contenida. Me hizo pensar en la expresión cruda y sincera de una idea o una viñeta, confinada a una sola página. Luis me dijo que eso era una de las cosas buenas de la ilustración y el arte―ayuda a la gente a entender el mundo.

“La gente está perdida en el mundo. Es demasiado caótico, está demasiado lleno de cosas y momentos muy inesperados. La gente necesita agarrarse de algo, y buscar como vivir en paz. El dibujo ayuda con eso, porque cuando dibujas siempre simplificas las cosas. Si fuera e hiciera un dibujo de todo esto,” me dijo, gesticulando hacia las repisas de libros que teníamos en frente, “tendría que simplificarlo todo de manera que sea fácil de asimilar.”

“Y entonces voy y pienso, ‘Okay, la verdad es que le mundo es bastante simple.’ Y yo creo que eso es la labor del arte.”

“¿Desmadejar las cosas para mostrar su centro?” le pregunté.

“Sí, o hacer el mundo más entendible. Más cercano, y menos amenazante.”

Hablamos un poco más del sector, y de lo que significaría dibujarlo. Luis habló de algunas de las cosas que quizás dibujaría, y también sobre las cosas que disfrutaba dibujar, pero nunca se detuvo mucho tiempo en una sola idea. Hizo gala de una destreza a la hora de improvisar―dejando que las cosas simplemente sucedan, y quedándose a mirar hasta donde llegan.

“La vida no la puedes planear,” me dijo. “que raro es que la gente se pasa tanto tiempo tratando de planear su vida.”

Me reí.

“Oye Luis, esa es tremenda frase” le dije.

“Quizás, pero es que no se puede,” me dijo, sacudiendo la cabeza con una sonrisa. “Ni lo intentes.”

Entrevista y artículo por Hengtee Lim

Traducción al Español por Aquiles Hadjis

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