Hama-House :: Entrevista en Asakusa

Hama-House :: Entrevista en Asakusa

2016.08.19

El día que conocí a Hamahouse en Asakusa, el lugar estaba atestado de gente. Era el tercer fin de semana de Mayo, lo que que quería decir que estaba en pleno fuero el Sanja Matsuri: un festival que honra a los tres hombres que fundaron y construyeron Senso-ji, el icónico templo ubicado al final de la calle de tiendas de Nakamise-dori.

Hamahouse había llegado hacía rato. Estaba en el segundo piso del Asakusa Tourist Center cuando lo encontré, ya dibujando el Kaminarimon, (un famoso umbral que contiene una linterna de papel enorme, y es uno de los símbolos de Tokyo) y huyéndole al sol.

Bajamos juntos a la calle, y nos movimos lentamente entre la multitud. Grupos vestidos con chaquetas happi llevaban en los hombros palanquines sagrados mikoshi, surcando la calle al ritmo del sonido de cánticos y animadas charlas. Pasamos de largo de los tenderetes de comida, que vendían bocadillos clásicos de la gastronomía Japonesa. De vez en cuando nos parábamos a mirar, o incluso a dibujar un poco.

“¿Te parece interesante Tokyo?” le pregunté a Hamahouse.

Se lo pensó un momento.

“Creo que lo más interesante del lugar es que todo está tan mezclado que se pierde por completo la importancia de entender si algo está bien o mal.”

Era otra versión de una idea que ya le había venido oyendo la otros también ―que Tokyo mezclaba demasiada gente, ideas y culturas para poder definirla en una sola manera. El bien y el mal eran conceptos muy maleables acá―cosas que se transformaban dependiendo de donde estuviera uno parado.

Hamahouse me dijo que Asakusa le resultaba interesante porque no venía muy a menudo. La arquitectura y la ropa que veía al caminar por el festival le parecía refrescante e incluso hasta nueva. Pero no estaba tan interesado en ponerse a planificar su ilustración del área, ni tampoco en enfocarse en un solo lugar―se trataba más de empaparse de los detalles, observar, e ir a la deriva.

“Yo no soy de esos que piensan mucho cuando salen a dibujar,” me dijo. “Me quedo viendo las cosas que me resultan interesantes, y termino dibujándolas. Tan simple como eso.”

Cuando le señalé los detalles en sus ilustraciones, Hamahouse me dijo que le apuntaba a la versatilidad―una colección de estilos para poder hacerle juego a una multitud de ideas y expresiones.

“Mi estilo es… pienso que mi estilo es no tener un estilo,” dijo. “Me parece importante tener una variedad de formas a la mano y poder escoger la que le siente mejor al tema que tengo que expresar en un momento dado.”

Nos paramos un momento a ver a un grupo de niños que llevaban en los hombros un mikoshi en miniatura. Cuando sus voces y figuras se empezaron a perder en la distancia, Hamahouse continuó.

“Me gusta ponerme a pensar en ideas. Y para cada idea, hay una manera de expresión particular que le calza. Así que no te podría señalar algo y decir que es ‘mi estilo.’ Lo único que quiero es tener siempre variedad a la hora de expresar mis ideas.”

Hablamos de su lugar favorito en todo Tokyo: Sekaido en Shinjuku. Hamahouse me dijo que quizás era la tienda más grande de papelería y artículos de dibujo del mundo entero; no se le hacía difícil pasarse largas horas allí.

Me tomó por sorpresa darme cuenta de las diferencias profundas de ambos lugares―Shinjuku, una jungla de concreto y asfalto canónica, y Asakusa, un campo de calles y edificios viejos y nuevos, todos con aire tradicional y suave. Me pregunté sobre como manejaban ambos espacios las dicotomía del bien y el mal, y en si esas reglas de verdad tenían algo de distinto acá en Asakusa.

Nos paramos en un restaurant de okonomiyaki , y decidimos sentarnos a comer.
Brindamos con cerveza, y empezamos a hablar de lo que significa aprender idiomas. Hamahouse tenía preguntas acerca de frases en inglés y su significado verdadero. De donde venían. Que las diferenciaba de frases que parecían muy similares.

Mis respuestas no eran muy buenas que digamos. Lo hice reír.

“Me gusta aprender idiomas,” dijo, “pero sabes, lo bueno de las imágenes es que sobrepasan a las palabras. Es lo mejor que tienen.”

Un buen punto sin duda.

El problema es que, también soy malo a la hora de dibujar.

Entrevista y artículo por Hengtee Lim

Traducción al Español por Aquiles Hadjis

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