Alessandro Bioletti :: Entrevista en Shinjuku – Omoide Yokocho

Alessandro Bioletti :: Entrevista en Shinjuku – Omoide Yokocho

2016.08.12

Me encontré con Alessandro Bioletti en Omoide Yokocho, una pequeña área de Shinjuku, apretada en las inmediaciones de la salida oeste de la estación JR Shinjuku. Es un bloque de viejos edificios y tenderetes de unos 100 metros por 40 en total. Pero increíblemente, adentro y alrededor de esos pequeños espacios, se ubican alrededor de 80 bares y restaurantes, en su mayor parte no más grandes que un cuarto, en el que la gente se sienta apretada, hombro con hombro. Es un lugar donde los asientos se derraman hacia afuera de los locales junto con risas, gritos, conversaciones y un jolgorio contagioso.

Omoide Yokocho es un microcosmos de gastronomía Japonesa―soba, yakitori, tempura, ramen, sushi, kushiyaki, yakiniku, gyouza, izakayas, cafeterías―y un portal que conduce a un mundo que no tiene nada que ver con el laberinto que es la estación de Shinjuku, ajeno también por completo al resplandor de neón que está a pocos pasos en Kabukicho. Este es un lugar donde la gente llega a soltarse, a tomarse algo y a comer.

Alessandro nos quedamos un rato de pie en una esquina menos agitada, viendo como desconocidos compartían las barras mientras los transeúntes rozaban entre sí buscando abrirse paso. Pero esta atmósfera comunal y abarrotada, me decía Alessandro, era lo que más le gustaba del lugar.

“Lo interesante es,” me dijo, “es que todo tipo de gente, y no solo Japoneses sino extranjeros también, terminan bebiendo y comiendo juntos lado a lado.”
Cuando mencioné que no había forma alguna de no terminar sentado con extraños por más que uno quisiera, Alessandro sonrió. Me dijo que aún sin conocerse, se podía beber y terminar haciéndose amigos.

La locación parecía hacerle juego al estilo de ilustración de Alessandro―imágenes de gente en su día a día, con un juguetón sentido de excentricidad y del absurdo. Él me dijo que Omoide Yokocho estaba lleno de cosas interesantes que dibujar y expresar, y que esperaba capturar el espíritu comunicativo que era la esencia del lugar.

“A veces con solo moverte hacia el baño, puede que te tropieces con alguien o des un traspiés, y eso se vuelve el punto de partida para interactuar. El lugar está repleto de cosas que puedes dibujar para hacer reír a la gente y que son intrínsecamente graciosas.”

Afirmó que eran esta clase de lugares a los que les veía más sentido―lugares que tenían esa sensación que los japoneses llaman shitamachi ninjou (calor humano de las clases populares). Lugares que unían a la gente con lo esencial: bebidas y comida. Lugares donde la gente se olvidaba de sí en un flujo intenso de cerveza, comida local y cháchara constante.

Me hizo pensar que quizás eso es la esencia de muchas cosas que valen la pena, sobre todo en la creación―olvidarse del mundo exterior creando otro nuevo, separado. Me pareció una descripción más que apta para las vistas, sonidos, olores, y sensaciones del Omoide Yokocho.

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Entrevista y artículo por Hengtee Lim

Video y traducción al Español por Aquiles Hadjis

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